lunes, 27 de junio de 2016

LEVANTE UD| Una temporada para el olvido

El Levante dio fin a la mejor etapa de su historia tras seis años en la máxima categoría del fútbol español y una participación en la UEFA Europa League tras una pésima temporada en la que el mercado de traspasos invernal no pudo salvar al equipo.

Empezaba la temporada con Lucas Alcaraz al mando de un equipo que prometía, con incorporaciones curiosas como las de Verza, Trujillo, Deyverson y el retorno de Mariño. Roger se reincorporaba al primer equipo y Rubén García estaba recuperado, todo apuntaba a que iba a ser una temporada tranquila, pero no fue así.

Desde la primera jornada los granotas estuvieron sufriendo. Con un estilo basado en cinco defensas a las órdenes de Alcaraz, el Levante logró cuajar un buen fútbol en las jornadas iniciales en partidos como el que disputó ante el Celta, pero la suerte no acompañaba y los malos resultados iban cayendo uno tras otro.

Tras dolorosas derrotas como la sufrida ante los de Vigo o en el Coliseum e inútiles empates como los cosechados en las Islas Canarias o ante el Eibar en el Ciutat, iba a aparentar que arrancaba la maquinaria granota en la séptima jornada cuando Deyverson se hizo enorme para batir a un Villarreal que iba líder en liga, no obstante, fue todo un espejismo, porque dos jornadas más tarde, la Real Sociedad golearía al Levante en su casa y se destituiría a Lucas Alcaraz para que Rubi llegara a la plantilla.


Con el cambio de entrenador, gente como David Navarro o Pedro López saltó de la grada al campo para gustar. El primer partido del ex del Girona como entrenador fue en Mestalla, y si bien es cierto que los granotas gustaron, crearon peligro y apretaron al Valencia, cuando estos anotaron el primero, llegó la goleada como si de una estampida se tratara.

No era el mejor debut para Rubi, pero sus ideas gustaron, y esto se reafirmó cuando el Levante se las apañó para frenar en seco a un Deportivo que llegaba en la zona alta de la tabla en el Ciutat en la jornada posterior, para deleite de la grada granota que veía en las directrices de Rubi la salvación.
Y este sentimiento siguió creciendo cuando el Levante goleó al Sporting en El Molinón, no obstante, de nuevo, todo iba a ser un espejismo, puesto que iban a llegar Betis, Espanyol y Granada para frenar las expectativas granotas, suponiendo este último partido, con la explosión de Peñaranda como jugador, un punto de inflexión para los levantinistas.

Tras la doble cantada de Rubén en portería, Diego Mariño fue quien se enfundó los guantes para lo que restaba de temporada. Estaba cumpliendo en copa, donde los granotas cayeron sin pena ni gloria ante el Espanyol, así que la apuesta no era ninguna locura.

Mariño tendría un debut complicado en San Mamés en esta segunda etapa como granota, y ciertamente su rendimiento no sería malo, pero los leones fueron demasiados para un Levante que perdonó demasiadas ocasiones.


El Málaga y el Atlético iban a continuar la agonía granota, pero de golpe, llega el mercado de traspasos de invierno. En el último partido de la primera vuelta, Cuero debuta frente al Rayo, dejando una actuación pasable, pero lo realmente importante, es que Morales empieza a despuntar como el mejor jugador del Levante y encabeza el triunfo granota ante los de Paco Jémez.

Tras esto, el Levante viajaría a Balaídos, donde pondría contra las cuerdas al Celta anotando tres goles, pero aun así no logró puntuar. Llegaría al fin la vigésima jornada, la más mediática para los levantinistas, porque aquella semana, Giuseppe Rossi aterrizó en Orriols.

El italiano sería suplente en el partido, y saltó al campo con el marcador en 3-2 para los granotas, y en el primer balón que tocó, sentó a la defensa canaria él solo y trató de batir de caño al guardameta, pero este lo blocó con sus piernas. El balón no entró, pero el bambino puso a las gradas en pie con una jugada antológica.

En la posterior jornada, el italiano mojaría en el Sánchez Pizjuán, pero el Levante caería tres goles a uno gracias a dos goles en el tanto inicial de cada parte propiciados por pérdidas de Nabil Ghilas y un despiste defensivo que aprovecharía Konoplyanka.

Continuaría el campeonato granota recibiendo a los culés, en un partido donde la mala suerte y los palos se cebaron con un Levante que apretó mucho al Barcelona guiado por un Rossi que dejó un auténtico recital de fútbol asociándose con Morales. También caerían los granotas en Ipurua la posterior jornada.


En la 25 llegó otro espejismo. Tras un gran mercado invernal, Rubi sacaba toda la artillería, con la calidad de Rossi y Verdú tomando el mando de un Levante que goleó al Getafe. El bambino mojó por primera vez en el Ciutat, además de que Morales metió un auténtico golazo en una gran jugada individual y Verdú sentenció con una preciosa vaselina tras tumbar a un central con un recorte.
De nuevo se encendió la llama de la ilusión en los granotas, para que la apagase el Villarreal con una dura goleada en la siguiente jornada, y el Real Madrid y la Real Sociedad seguirían golpeando duramente a los granotas, que seguían vivos en la vigésimo novena jornada del campeonato, cuando llegó el mejor momento de la temporada.

De nuevo Morales, Verdú y Rossi se pusieron el traje de faena para que las gradas del Ciutat vieran como el Levante dominaba el derbi de Valencia frente a unos ches que necesitaban ganar para tener opciones de entrar en Europa, y una volea de Rossi en el interior del área serviría para apagar las ilusiones valencianistas.

Y como en las anteriores ocasiones, cada alegría venía con un batacazo, y esta vez, fueron hasta tres consecutivos. Primero fue ante el Depor en Riazor, donde los granotas cayeron con un gol en propia en el último minuto, luego en un empate a cero en el Ciutat ante el Sporting donde Casadesús reapareció tras romperse los ligamentos de la rodilla en noviembre, luego en el Benito Villamarín, donde Rubén Castro dejó medio muertos a los granotas.

Pero de algún modo, seguía habiendo opciones. Llegaba el Espanyol al Ciutat, y volvió a aparecer la magia de Giussepe Rossi para guiar de nuevo a los granotas a otro triunfo que diera ilusiones, pero todo acabó en la jornada 34, cuando llegó el mayor ridículo por el que nunca ha pasado el Levante.
Los granotas pagaron entrada y autobús a sus aficionados hacia el estadio del Granada, aunque hubiera sido mejor que no hubieran hecho una campaña así para tal bochorno, puesto que el Levante volvió a Orriols calentito y con una manita en el marcador.

Y las pocas esperanzas que quedaban, se vieron frustradas cuando el Levante dejó ir una ventaja de dos goles frente al Athletic de Bilbao en los últimos cinco minutos de partido, para que en la antepenúltima jornada, se consumase matemáticamente su descenso en Málaga.


En la penúltima jornada, los granotas darían una bonita despedida a su afición cuando remontaron el tanto inicial de Fernando Torres al Atlético de Madrid para dejarlos sin opciones matemáticas de luchar por la liga, y en la última jornada, cayeron con estrépito en Vallecas para cerrar una temporada para el olvido, donde únicamente se salvaron Mariño, Casadesús, Deyverson y los que llegaron en el mercado invernal, porque Camarasa y Rubén García no aparecieron, Rubén Martínez decepcionó, Ghilas y Trujillo mantuvieron una actitud penosa y otros tantos como Verza hicieron una temporada sin pena ni gloria.

Ahora, con Tito como director deportivo y Muñiz en el banquillo, y confiando en que Casadesús y Verdú se queden como líderes en el equipo y que Rubén García y Camarasa si aparezcan en segunda, el Levante afronta con entusiasmo esta temporada con una interesante campaña para sus abonados, que si acuden a 18 de los 21 partidos de campeonato regular disputados en el Ciutat y el Levante asciende, tendrán el abono de la próxima temporada gratis en primera división.


Redactado por Gerard Escribano (@gerarddealberic)

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