El Levante dio fin a la mejor etapa de su historia tras seis
años en la máxima categoría del fútbol español y una participación en la UEFA
Europa League tras una pésima temporada en la que el mercado de traspasos
invernal no pudo salvar al equipo.
Desde la primera jornada los granotas estuvieron sufriendo.
Con un estilo basado en cinco defensas a las órdenes de Alcaraz, el Levante
logró cuajar un buen fútbol en las jornadas iniciales en partidos como el que
disputó ante el Celta, pero la suerte no acompañaba y los malos resultados iban
cayendo uno tras otro.
Tras dolorosas derrotas como la sufrida ante los de Vigo o
en el Coliseum e inútiles empates como los cosechados en las Islas Canarias o ante
el Eibar en el Ciutat, iba a aparentar que arrancaba la maquinaria granota en
la séptima jornada cuando Deyverson se hizo enorme para batir a un Villarreal
que iba líder en liga, no obstante, fue todo un espejismo, porque dos jornadas
más tarde, la Real Sociedad golearía al Levante en su casa y se destituiría a
Lucas Alcaraz para que Rubi llegara a la plantilla.
Con el cambio de entrenador, gente como David Navarro o
Pedro López saltó de la grada al campo para gustar. El primer partido del ex
del Girona como entrenador fue en Mestalla, y si bien es cierto que los
granotas gustaron, crearon peligro y apretaron al Valencia, cuando estos
anotaron el primero, llegó la goleada como si de una estampida se tratara.
No era el mejor debut para Rubi, pero sus ideas gustaron, y
esto se reafirmó cuando el Levante se las apañó para frenar en seco a un
Deportivo que llegaba en la zona alta de la tabla en el Ciutat en la jornada
posterior, para deleite de la grada granota que veía en las directrices de Rubi
la salvación.
Y este sentimiento siguió creciendo cuando el Levante goleó
al Sporting en El Molinón, no obstante, de nuevo, todo iba a ser un espejismo,
puesto que iban a llegar Betis, Espanyol y Granada para frenar las expectativas
granotas, suponiendo este último partido, con la explosión de Peñaranda como
jugador, un punto de inflexión para los levantinistas.
Tras la doble cantada de Rubén en portería, Diego Mariño fue
quien se enfundó los guantes para lo que restaba de temporada. Estaba
cumpliendo en copa, donde los granotas cayeron sin pena ni gloria ante el
Espanyol, así que la apuesta no era ninguna locura.
Mariño tendría un debut complicado en San Mamés en esta
segunda etapa como granota, y ciertamente su rendimiento no sería malo, pero
los leones fueron demasiados para un Levante que perdonó demasiadas ocasiones.
El Málaga y el Atlético iban a continuar la agonía granota,
pero de golpe, llega el mercado de traspasos de invierno. En el último partido
de la primera vuelta, Cuero debuta frente al Rayo, dejando una actuación
pasable, pero lo realmente importante, es que Morales empieza a despuntar como
el mejor jugador del Levante y encabeza el triunfo granota ante los de Paco
Jémez.
Tras esto, el Levante viajaría a Balaídos, donde pondría
contra las cuerdas al Celta anotando tres goles, pero aun así no logró puntuar.
Llegaría al fin la vigésima jornada, la más mediática para los levantinistas,
porque aquella semana, Giuseppe Rossi aterrizó en Orriols.
El italiano sería suplente en el partido, y saltó al campo
con el marcador en 3-2 para los granotas, y en el primer balón que tocó, sentó
a la defensa canaria él solo y trató de batir de caño al guardameta, pero este
lo blocó con sus piernas. El balón no entró, pero el bambino puso a las gradas
en pie con una jugada antológica.
En la posterior jornada, el italiano mojaría en el Sánchez
Pizjuán, pero el Levante caería tres goles a uno gracias a dos goles en el
tanto inicial de cada parte propiciados por pérdidas de Nabil Ghilas y un
despiste defensivo que aprovecharía Konoplyanka.
Continuaría el campeonato granota recibiendo a los culés, en
un partido donde la mala suerte y los palos se cebaron con un Levante que
apretó mucho al Barcelona guiado por un Rossi que dejó un auténtico recital de
fútbol asociándose con Morales. También caerían los granotas en Ipurua la
posterior jornada.
En la 25 llegó otro espejismo. Tras un gran mercado
invernal, Rubi sacaba toda la artillería, con la calidad de Rossi y Verdú
tomando el mando de un Levante que goleó al Getafe. El bambino mojó por primera
vez en el Ciutat, además de que Morales metió un auténtico golazo en una gran
jugada individual y Verdú sentenció con una preciosa vaselina tras tumbar a un
central con un recorte.
De nuevo se encendió la llama de la ilusión en los granotas,
para que la apagase el Villarreal con una dura goleada en la siguiente jornada,
y el Real Madrid y la Real Sociedad seguirían golpeando duramente a los
granotas, que seguían vivos en la vigésimo novena jornada del campeonato,
cuando llegó el mejor momento de la temporada.
De nuevo Morales, Verdú y Rossi se pusieron el traje de
faena para que las gradas del Ciutat vieran como el Levante dominaba el derbi
de Valencia frente a unos ches que necesitaban ganar para tener opciones de
entrar en Europa, y una volea de Rossi en el interior del área serviría para
apagar las ilusiones valencianistas.
Y como en las anteriores ocasiones, cada alegría venía con
un batacazo, y esta vez, fueron hasta tres consecutivos. Primero fue ante el
Depor en Riazor, donde los granotas cayeron con un gol en propia en el último
minuto, luego en un empate a cero en el Ciutat ante el Sporting donde Casadesús
reapareció tras romperse los ligamentos de la rodilla en noviembre, luego en el
Benito Villamarín, donde Rubén Castro dejó medio muertos a los granotas.
Pero de algún modo, seguía habiendo opciones. Llegaba el
Espanyol al Ciutat, y volvió a aparecer la magia de Giussepe Rossi para guiar
de nuevo a los granotas a otro triunfo que diera ilusiones, pero todo acabó en
la jornada 34, cuando llegó el mayor ridículo por el que nunca ha pasado el
Levante.
Los granotas pagaron entrada y autobús a sus aficionados
hacia el estadio del Granada, aunque hubiera sido mejor que no hubieran hecho
una campaña así para tal bochorno, puesto que el Levante volvió a Orriols
calentito y con una manita en el marcador.
Y las pocas esperanzas que quedaban, se vieron frustradas
cuando el Levante dejó ir una ventaja de dos goles frente al Athletic de Bilbao
en los últimos cinco minutos de partido, para que en la antepenúltima jornada,
se consumase matemáticamente su descenso en Málaga.
En la penúltima jornada, los granotas darían una bonita
despedida a su afición cuando remontaron el tanto inicial de Fernando Torres al
Atlético de Madrid para dejarlos sin opciones matemáticas de luchar por la
liga, y en la última jornada, cayeron con estrépito en Vallecas para cerrar una
temporada para el olvido, donde únicamente se salvaron Mariño, Casadesús,
Deyverson y los que llegaron en el mercado invernal, porque Camarasa y Rubén
García no aparecieron, Rubén Martínez decepcionó, Ghilas y Trujillo mantuvieron
una actitud penosa y otros tantos como Verza hicieron una temporada sin pena ni
gloria.
Ahora, con Tito como director deportivo y Muñiz en el
banquillo, y confiando en que Casadesús y Verdú se queden como líderes en el
equipo y que Rubén García y Camarasa si aparezcan en segunda, el Levante
afronta con entusiasmo esta temporada con una interesante campaña para sus
abonados, que si acuden a 18 de los 21 partidos de campeonato regular
disputados en el Ciutat y el Levante asciende, tendrán el abono de la próxima
temporada gratis en primera división.
Redactado por Gerard Escribano (@gerarddealberic)





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