Modric, posiblemente este entre mis 5 jugadores favoritos, y para mí, es el tercer mejor centrocampista que existe en la tierra. Junto a Benzema, son mis dos jugadores fetiches del conjunto madrileño. Pieza clave para el Madrid, intentará junto a las manos de otros grandes jugadores, Rakitic, Mandzukic, Kovacic... llegar lejos en el ámbito selección.
En Modric se concilia una característica: Arte. La parte artística no hace falta explicarla, verle jugar cada día demuestra que el croata es recurrente en la excelencia. Hace de cada gesto técnico algo virtuoso, estético. Cada salida de balón en la que quiebra al contrario con un giro de tobillo sirve para hacerle saber que es él el que manda en el terreno. Luka es un jugador muy estético: jamás se le verá enredarse en una jugada de cara a la portería, nunca. Realmente es difícil encontrar un jugador tan vertical a cincuenta metros de la portería, porque aunque Modric no está muy relacionado con el gol aumenta en cada una de sus jugadas las posibilidades de que este llegue.
Sin embargo, no es su exquisita técnica lo que le convierte en uno de los mejores centrocampista del mundo. Modric, desde su ocasional y voluntaria ausencia de protagonismo, hace mejores a sus compañeros. Realmente, el croata tiene un algo en la cabeza que le permite colocar el balón donde mejora la jugada. Muchas veces ese colocar el balón no se debe a un golpeo suyo sino a un movimiento clave que habilita la jugada. Modric conoce a sus compañeros mucho, y por ello maximiza las posibilidades de que estos den lo mejor para el equipo.
Además, ¡cómo engaña el croata! En ese cuerpo se esconde un auténtico ojo para el equipo. Luka tiene la habilidad para predecir la jugada del contrario y anticiparse. A este truco, Modric le une una gran capacidad de esfuerzo que se ve acompañada por una enorme e incansable resistencia. No encontrarán muchos centrocampista defensivos mejores. Sus estadísticas en robos de balón son apabullantes.
Su ausencia el año pasado, por dos malditas lesiones, privaron de muchas posibilidades al equipo en cuanto a ámbitos se refiere. Luka era un jugador totalmente contextual en ese Madrid de centrocampistas. No sólo faltaba Modric: faltaba la versión que el resto de jugadores dan de sí mismos con Modric en el campo. Se demostró que eso era mucho faltar aunque sin duda, en el fiasco, no fue lo único que influyó.
Casi con total probabilidad, Modric nunca será Balón de Oro. Sus guarismos le alejan por completo de los aspirantes a ese prestigioso galardón, pero si algún día ese afamado premio recayese sobre el jugador con más influencia en un club ganador, Modric sería un firme y honorable aspirante.
A Luka hay que reconocerle, además, otro mérito. Pocos jugadores lograron el reconocimiento unánime del madridismo. Se decía que el Madrid había fichado a un nuevo media punta que no solventaría las carencias del equipo. Unas temporadas más tarde, los autores de esa opinión se saben equivocados general.
Realmente lo único negativo en el croata es algo de lo que no se puede culpar: su edad, treinta años. No obstante, su profesionalidad y su resistencia mantendrán aún varios años a Luka en la élite. Para cuando llegue el momento de bajar el ritmo, quizás su alumno aventajado -Kovacic- dé a los madridistas parte de lo que la triste ausencia de Modric les quitará.
Redactado por José Tomás Zamora (@Joseto_Zamora)
No hay comentarios:
Publicar un comentario